Blog - Ciencia

El ADN de semillas de uva de 2.000 años reconstruye el origen del vino moderno  -  por cronywell

El ADN de semillas de uva de 2.000 años reconstruye el origen del vino moderno

Un estudio genético sin precedentes en los pozos etruscos y romanos de Cetamura del Chianti revela que la cuna del vino tinto toscano fue, durante siglos, un viñedo blanco, y traza un hilo genético que llega hasta la vid más antigua del mundo, todavía viva en Eslovenia.

  Tiempo de lectura: 10 minutos   📖  Categoría: Ciencia y Cultura del Vino   📅  Actualizado: 16 de junio de 2026

Ochenta semillas de uva, recuperadas del fondo de dos pozos profundos en la Toscana y conservadas durante dos milenios gracias a un barro prácticamente libre de oxígeno, acaban de reescribir un capítulo entero de la historia del vino. Un equipo liderado por la Universidad de York, en colaboración con la Universidad Estatal de Florida, secuenció el ADN de esos pequeños fósiles vegetales y descubrió que la región hoy sinónimo del tinto Sangiovese fue, entre el siglo III antes de Cristo y el siglo III después de Cristo, dominio casi exclusivo de una variedad blanca. El hallazgo, publicado en el Journal of Archaeological Science, no se detiene ahí: también conecta esa estirpe ancestral con una vid que, dieciséis siglos más tarde, sigue dando frutos sobre la fachada de una casa en Eslovenia.

🏺  Imagen de referencia: el pozo etrusco de Cetamura del Chianti

Ver imagen de referencia (enlace externo)

Vista del pozo profundo donde, hace dos mil años, los habitantes de Cetamura arrojaban semillas de uva junto con otros desechos domésticos.

Crédito: Universidad Estatal de Florida, vía Universidad de York

 

🏺  Pozos etruscos: una cápsula del tiempo bajo el barro toscano

Cetamura del Chianti es un asentamiento ubicado sobre una colina de 695 metros, en pleno corazón de la región vinícola más fotografiada de Italia, a unos 30 kilómetros al noreste de Siena y 60 al sudeste de Florencia, dentro del municipio de Gaiole in Chianti. El sitio fue descubierto en 1964 por Alvaro Tracchi, un arqueólogo aficionado de la zona, pero su exploración sistemática recién comenzó en 1973, cuando la Universidad Estatal de Florida obtuvo el permiso de excavación y convirtió el lugar en un programa de campo arqueológico que continúa, ininterrumpido, más de cinco décadas después.

Entre los hallazgos más singulares de Cetamura se cuentan dos pozos excavados originalmente por los etruscos y reutilizados luego por los romanos. Durante generaciones, los habitantes del lugar arrojaron allí desechos domésticos y agrícolas, entre ellos miles de semillas de uva, hasta que los pozos quedaron finalmente sellados bajo capas de barro saturado de humedad y prácticamente libre de oxígeno. Esa combinación resultó decisiva: en ausencia de oxígeno, los microorganismos que normalmente degradan la materia orgánica no pueden actuar con la misma intensidad, y el material vegetal puede sobrevivir intacto durante milenios.

Gracias a esa conservación excepcional, los investigadores pudieron datar y secuenciar semillas depositadas entre el año 300 antes de Cristo y el 300 después de Cristo: un arco de seis siglos que abarca tanto la fase etrusca tardía como buena parte de la dominación romana sobre la región.

🧬  Cómo se lee el ADN de una semilla que tiene 2.000 años

Trabajar con ADN de semillas milenarias no es sencillo. El material genético se fragmenta y se degrada con el paso del tiempo, así que el equipo, liderado por la doctora Oya Inanli, quien desarrolló esta investigación como parte de su doctorado en el Departamento de Arqueología de la Universidad de York, combinó varias técnicas para extraer el máximo de información posible de cada pepita.

Primero se secuenció el material genético de las 80 semillas seleccionadas. Inanli describió el resultado como “una notable historia de continuidad”: la inmensa mayoría de los ejemplares analizados correspondía a un único clon genético, idéntico, que se mantuvo de generación en generación durante cientos de años. Para lograr esa propagación sin variación genética, los agricultores etrusco-romanos debían recurrir a esquejes y a técnicas de propagación vegetativa, el mismo principio que hoy permite que un Malbec plantado en Mendoza sea, genéticamente, un clon casi idéntico al que se cultivaba siglos atrás en Cahors, Francia.

El equipo no se conformó con identificar la variedad: también empleó marcadores genéticos específicos para determinar el color de la uva, un dato que normalmente desaparece junto con la pulpa y la piel de la fruta. Y sumó dos herramientas complementarias. Por un lado, espectroscopía de infrarrojo cercano, una técnica no destructiva que permitió anticipar, incluso antes de secuenciar, qué semillas conservaban mejor su material genético. Por otro, un análisis morfológico de la forma de las pepitas, capaz de distinguir entre uvas domesticadas y uvas silvestres recolectadas de manera espontánea. La datación por radiocarbono de las muestras, financiada por un fondo de estudios clásicos de la Universidad Estatal de Florida, terminó de fijar la cronología precisa de cada pozo. El proyecto recibió además financiamiento europeo a través de las acciones Marie Skłodowska-Curie del programa Horizonte 2020 de la Unión Europea.

  “Encontramos una notable historia de continuidad.”

— Dra. Oya Inanli, Universidad de York

 

🍇  La sorpresa varietal: el Chianti nació blanco

El resultado más llamativo del estudio contradice de lleno la imagen que cualquier amante del vino tiene de la región. El Chianti es, desde hace más de un siglo, sinónimo de tinto: la Sangiovese domina los viñedos y las etiquetas, y desde que el barón Bettino Ricasoli sistematizó el corte clásico chiantigiano en el siglo diecinueve, el color rojo se volvió parte de la identidad misma del lugar.

Sin embargo, el ADN de las semillas de Cetamura cuenta una historia distinta para los siglos previos al cambio de era: la variedad dominante, la que se repite una y otra vez en las muestras etruscas y romanas, producía bayas blancas. La profesora Nancy De Grummond, de la Universidad Estatal de Florida y directora de las excavaciones en Cetamura, calificó el hallazgo como una sorpresa: el tinto que hoy da fama mundial a la región estuvo precedido, durante siglos, por una variedad blanca cuidadosamente seleccionada y mantenida por etruscos y romanos.

El dato no implica que no hubiera uvas tintas en la Toscana antigua, de hecho algunas variedades blancas siguen cultivándose hoy en la zona, aunque en proporciones minoritarias, sino que la variedad dominante y mejor documentada en este yacimiento puntual era blanca. Es, en cualquier caso, un llamado de atención sobre cuán reciente puede ser la identidad varietal que asociamos, casi como un dato inmutable, a una región vinícola entera.

🔬  Imagen de referencia: reconstrucción de las semillas analizadas

Ver imagen de referencia (enlace externo)

Representación de las semillas de uva halladas en los pozos de Cetamura del Chianti, cuyo ADN conservado durante 2.000 años permitió identificar una variedad blanca cultivada por etruscos y romanos.

Crédito: Sergio Parra, vía Muy Interesante

 

🏛  La red vitivinícola del Imperio romano

La llegada de Roma a Cetamura no fue un simple cambio de bandera política. El registro genético muestra que, tras la conquista romana del asentamiento, comenzaron a aparecer variedades de vid completamente nuevas en los pozos, lo que sugiere que autoridades o comerciantes introdujeron cepas seleccionadas procedentes de otras regiones bajo dominio romano.

La pieza más contundente de esa hipótesis aparece al comparar el clon dominante de Cetamura con material genético de otros yacimientos europeos: los investigadores encontraron una relación genética estrecha con dos semillas antiguas analizadas previamente en el sur de Francia. Para el equipo, esa coincidencia es prueba biológica de una red agrícola de largo alcance, organizada por Roma para estandarizar la producción de vino en distintas provincias del Imperio. No se trataba solo de comercializar el vino ya elaborado: también circulaban esquejes, plantas y el conocimiento agronómico necesario para reproducir variedades específicas a cientos de kilómetros de su lugar de origen.

El estudio también halló indicios de recolección de uvas silvestres, detectados gracias al análisis morfológico de las pepitas, lo que indica que, incluso en plena expansión de la viticultura organizada, las comunidades locales seguían aprovechando recursos espontáneos del entorno. Lejos de la imagen de campesinos aislados, los viticultores de Cetamura participaban de una economía agrícola sofisticada, con implicancias comerciales y hasta políticas.

📊  Ficha técnica de la investigación

Dato

Detalle

Yacimiento

Cetamura del Chianti, Gaiole in Chianti, Toscana (Italia)

Material analizado

80 semillas de uva recuperadas de dos pozos etrusco-romanos

Período cronológico

Aproximadamente 300 a.C. – 300 d.C.

Técnicas aplicadas

Secuenciación de ADN antiguo, marcadores genéticos de color, espectroscopía de infrarrojo cercano, morfometría de semillas, datación por radiocarbono

Publicación

Journal of Archaeological Science (2026)

Instituciones

Universidad de York (Reino Unido) y Universidad Estatal de Florida (Estados Unidos)

Investigadores principales

Oya Inanli, Nathan Wales y Nancy De Grummond

Financiamiento

Programa Horizonte 2020 de la Unión Europea (acciones Marie Skłodowska-Curie) y fondo de estudios clásicos de la Universidad Estatal de Florida

 

🌍  El eslabón con la vid más antigua del mundo

Entre las 80 semillas analizadas, una llamó especialmente la atención del equipo: pertenece a una familia genética que todavía se cultiva en Europa central y oriental. Su pariente moderno más cercano es una variedad rara, casi desconocida fuera de Hungría, llamada Baratcsuha szürke.

Pero el hallazgo más fascinante está en la conexión siguiente: ese linaje genético enlaza directamente con una vid legendaria que crece hoy en la ciudad de Maribor, Eslovenia, sobre la fachada de la llamada Casa de la Vieja Vid, en el barrio de Lent, a orillas del río Drava. Plantada hacia fines de la Edad Media, se estima entre 1550 y 1570, durante las invasiones otomanas, esta planta de la variedad Žametovka tiene más de 400 años y sigue produciendo fruta cada temporada. Desde 2004 figura en el Libro Guinness de los Récords como la vid productiva más antigua del mundo.

Para el doctor Nathan Wales, también del Departamento de Arqueología de la Universidad de York, el hallazgo demuestra que esta familia varietal es a la vez antigua y extraordinariamente resiliente: las uvas que disfrutaban los romanos están a un paso genético de las variedades que hoy se vierten en una copa de vino. Cada vez que alguien bebe un vino elaborado con estas variedades reliquia, sostiene el investigador, está probando una historia que dista apenas un puñado de generaciones de lo que se servía en las mesas romanas hace miles de años.

🍷  Imagen de referencia: el vino y su continuidad genética

Ver imagen de referencia (enlace externo)

El hallazgo conecta la viticultura etrusca y romana con linajes genéticos que aún sobreviven en viñedos europeos, incluida la vid más antigua del mundo en Maribor, Eslovenia.

Crédito: Vinetur

 

🍷  Qué le dice este hallazgo a la vitivinicultura actual

El caso de Cetamura no es un hecho aislado dentro de la paleogenómica de la vid. En Francia, otro equipo internacional logró reconstruir más de 4.000 años de historia vitícola a partir de semillas arqueológicas halladas en distintos sitios del país, en un trabajo publicado en Nature Communications que documentó la coexistencia de variedades silvestres y domesticadas desde la Edad del Bronce hasta la Edad Media. Ese mismo campo de investigación había identificado antes, en la letrina de un hospital medieval francés, una semilla con 600 años de antigüedad genéticamente casi idéntica al Pinot Noir actual, además de evidencia de propagación clonal que se remonta a la Edad del Hierro, entre los años 625 y 500 antes de Cristo.

El patrón que emerge de estos estudios es consistente: las variedades de vid que hoy consideramos tradicionales no son fijas ni eternas. Son el resultado de miles de decisiones humanas (selección, propagación por esquejes, intercambio comercial, adaptación climática) tomadas durante siglos por agricultores que rara vez dejaron registro escrito de sus criterios. La paleogenómica permite, por primera vez, leer esas decisiones directamente en el ADN.

Esa perspectiva también interpela a la vitivinicultura argentina. El Malbec, variedad insignia de Mendoza y San Juan, tiene su propio capítulo de migración varietal: nació en el suroeste de Francia, en la región de Cahors, y llegó a la Argentina recién en el siglo diecinueve, de la mano del agrónomo francés Michel Aimé Pouget. La misma lógica de propagación clonal que mantuvo viva, durante dos mil años, a la variedad blanca de Cetamura es, en esencia, la que hoy permite que un productor mendocino cultive, generación tras generación, el mismo material genético que llegó desde Europa. Entender cómo viajaban y se conservaban las variedades en la Antigüedad ofrece, en ese sentido, un espejo útil para pensar la propia identidad varietal del vino argentino contemporáneo.

  En síntesis

Lo que empezó como basura doméstica arrojada a un pozo, hace dos mil años, terminó convirtiéndose en una de las reconstrucciones genéticas más completas jamás logradas sobre la vid antigua. El hallazgo de Cetamura no solo reescribe la historia varietal de una de las regiones vinícolas más famosas del mundo: también recuerda que cada copa de vino contiene, además de taninos y aromas, un relato silencioso de selección humana que atraviesa imperios, fronteras y milenios.

  Preguntas frecuentes

  ¿Dónde se encontraron las semillas de uva de 2.000 años?

En dos pozos etruscos reutilizados por los romanos en Cetamura del Chianti, un yacimiento arqueológico de la Toscana, en Italia, excavado por la Universidad Estatal de Florida desde 1973.

  ¿Qué reveló el ADN sobre el color de las uvas antiguas?

Los marcadores genéticos mostraron que la variedad dominante en los pozos, mantenida durante siglos por etruscos y romanos, producía bayas blancas, un dato sorprendente para una región hoy asociada casi exclusivamente al tinto Sangiovese.

  ¿Cómo se conecta este hallazgo con la vid más antigua del mundo?

Una de las semillas analizadas pertenece a una familia genética emparentada con la vid de 400 años que crece en Maribor, Eslovenia, reconocida por el Libro Guinness de los Récords como la planta productiva más antigua del planeta.

  ¿Qué prueba este estudio sobre el comercio vitícola romano?

La similitud genética entre el clon dominante de Cetamura y semillas halladas en el sur de Francia sugiere que el Imperio romano organizó una red agrícola que distribuía esquejes y variedades seleccionadas entre distintas provincias para estandarizar la producción de vino.

  ¿Quién publicó la investigación y dónde?

El estudio fue liderado por Oya Inanli y Nathan Wales, de la Universidad de York, junto con Nancy De Grummond, de la Universidad Estatal de Florida, y se publicó en 2026 en la revista Journal of Archaeological Science.

🔗  Fuentes consultadas

1.      University of York — Ancient DNA from Tuscan wells reveal origins of modern wine

2.     EurekAlert! — Ancient DNA from Tuscan wells reveal origins of modern wine

3.     ScienceDirect — Grapevine cultivation at Cetamura del Chianti (Journal of Archaeological Science)

4.     Vinetur — El Chianti nació blanco hace 2.000 años, según revela el ADN antiguo

5.     Muy Interesante — El ADN de 80 semillas halladas en pozos de la Toscana revela los orígenes del vino moderno

6.     La Brújula Verde — Pepitas de uva de hace 2.000 años en un pozo etrusco revelan sorpresas sobre el vino moderno

7.     Mundo Agropecuario — ADN de semillas antiguas revela el origen del vino moderno

8.     Cetamura del Chianti Excavations and Research — Florida State University

9.     24Horas.cl — Estudio realizado con ADN antiguo de semillas de uva permite reconstruir 4.000 años de viticultura

 

  Ficha técnica SEO

Documento interno de optimización para publicación en blog. No incluir en el cuerpo público del artículo.

Title tag (≤60 caracteres): ADN de 2.000 años revela el origen del vino moderno

Meta description (≤155 caracteres): Un estudio de ADN en semillas de uva de 2.000 años en Cetamura del Chianti revela que el vino tinto toscano nació blanco. Descubrí la historia.

URL slug sugerida: /adn-semillas-uva-2000-anos-origen-del-vino

Palabra clave principal: ADN de semillas de uva 2000 años

Palabras clave secundarias: origen del vino, Cetamura del Chianti, vid más antigua del mundo, historia del Chianti, paleogenómica de la vid, vino romano antiguo

Intención de búsqueda: Informacional (curiosidad científica e histórica, alta probabilidad de featured snippet)

Insertar en el <head> o mediante el plugin de SEO del CMS los siguientes bloques de datos estructurados:

 

og:title: El ADN de semillas de uva de 2.000 años reconstruye el origen del vino moderno

og:description: Un estudio en Cetamura del Chianti revela que el vino tinto toscano nació blanco. La ciencia detrás del hallazgo.

og:type: article

twitter:card: summary_large_image

Extensión del cuerpo del artículo: Aproximadamente 2.080 palabras

Tiempo de lectura estimado: 10 minutos (a 200 palabras por minuto)

Densidad recomendada de palabra clave principal: 0,8% – 1,2% (entre 16 y 25 menciones aproximadas, incluyendo variantes semánticas)

Publicado el 16/06/2026 » 20:55   |