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En este mundo actual donde las fuerzas armadas son preponderantes escribir sobre sistemas políticos, o economías, lamentablemente queda en segundo plano. La industria armamentística está en su mejor momento, los países en lugar de madurar y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos del mundo siguen con ideas imperialistas y colonialistas. El hambre causa el 45% de las muertes en niños menores de 5 años. Qué lideres hemos conseguido que; 8.500 niños mueren cada día de desnutrición, y según las estimaciones de Unicef, el Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la División de Población de Naciones Unidas se calcula que; 6,3 millones de niños menores de 15 años murieron en 2017 por causas, en su mayoría, prevenibles.
Debemos entender de una buena vez que no son los sistemas los que fallan, el que falla es el hombre. Qué antepone siempre los intereses personales, de grupo, étnicos, nacionales, a los comunitarios. Claro Europa eso lo entendió, pero cómo comunidad cerrada, cómo manera de defender los intereses comunes, pero en detrimento del resto. Las grandes corporaciones hacen lobby, depredan a los países con grandes riquezas naturales, pero sin economías fuertes que permitan ser ellos mismos quienes usufructúen esas riquezas. Claro en las ecuaciones monetarias luego de la caída del patrón oro, se contempla cómo contraparte el mercado de producción de bienes que beneficia a los países con economías ya desarrolladas. Sin embargo, las riquezas del subsuelo, la minería, por ejemplo, que son un potencial de riqueza no se las cuenta. Muy diferente sería la ecuación si contara en el cálculo las riquezas naturales. Incluso la agricultura y la ganadería dependen de un sistema de commodities manejado desde las grandes corporaciones.
Los más ricos del mundo tienen patrimonios promedio de más de cincuenta mil millones de dólares. Por lógica pura la clase media debería tener patrimonios promedio de veinticinco mil millones de dólares. ¡Somos todos pobres!
Cuando se entienda esto, la burguesía actual tendrá que cambiar su concepción para generar lideres con una visión completa del bienestar mundial. Que entiendan que las guerras son una pérdida total. Es la destrucción de bienes, la muerte de personas y niños, por territorios que pertenecen a toda la humanidad no solo al grupo de personas que lo habita. Por otro lado, las grandes inmigraciones que obligan a millones de personas a dejar sus hogares y vivir en paupérrimas condiciones, incluso a veces con la esperanza de cambiar el cruel destino, solo por habitar en un territorio donde hay guerras, o por no existir un futuro de seguridad económica.
No pierdo la fe en que algún día el mundo despertara a una nueva concepción del prójimo, cuando los políticos tengan la convicción de que duplicarse las dietas es un despropósito, frente al hambre y la necesidad del pueblo.